Romper las normas no quiere decir saltárselas. Creatividad, ética y “compliance”.

La creatividad en ocasiones, cuestiona la norma y rompe con lo establecido. Sin embargo hay normas, leyes, que son de obligado conocimiento y cumplimiento. De todos es sabido que las organizaciones tienen que hacer frente en el ejercicio de sus actividades a un sinfín de obligaciones legales y morales. Dichas obligaciones, generalmente conocidas tanto por sus empleados como por sus directivos, han de formar parte de los valores intrínsecos de las mismas, de manera que se transmitan a todos los que se relacionan con ella, y deben estar reflejadas en un sistema de gestión de “Compliance”, que incluye un Código de Conducta y una Política de Cumplimiento Normativo.

La implementación en las organizaciones de un sistema de gestión de cumplimiento normativo, basado en las normas UNE y, por tanto, certificable, que analice en profundidad sus obligaciones y promueva su cumplimiento, deberá incluir la prevención de todos los riesgos que puedan afectarla, no solo los de carácter penal sino también aquellos otros de carácter tributario, medioambiental, de competencia, de consumidores, laboral, relativos a la sociedad de la información y comunicación, de blanqueo de capitales, soborno y corrupción, etc..., de manera que asegure que se cumple con la legalidad vigente, al prevenir, descubrir y corregir aquellas conductas, ilícitas o contrarias a la moral socialmente exigida, que puedan producirse en el seno de la misma por empleados y directivos, por factores externos o sistémicos.

Para ello es imprescindible que el órgano de administración impulse, tanto con su ejemplo como con recursos, la implementación de dicho sistema de gestión de “Compliance”.

De dichas conductas o riesgos a prevenir, los más importantes son los penales, ya que desde la introducción en nuestra legislación de la responsabilidad penal de las personas jurídicas, a raíz de la entrada en vigor de la Ley Orgánica 5/2010 de 22 de junio, de reforma del Código Penal, estas son sujetos inmediatos del derecho penal y, por tanto, son susceptibles de cometer delitos -actualmente son treinta y cuatro (pero no es descabellado pensar que se irán añadiendo nuevos tipos penales) los que dan lugar a responsabilidad penal de las personas jurídicas- y, en consecuencia, pueden ser sancionadas con auténticas penas.

Esta nueva regulación, lejos de ser vista por las organizaciones como un obstáculo, una carga o un coste, ha de ser enfocada como una oportunidad, una ventaja competitiva y un medio para reafirmar su compromiso ético ya que los beneficios de implementar un sistema de gestión de Compliance, como veremos, exceden con mucho de los posibles inconvenientes.

Al implementar un sistema de prevención de riegos penales, la organización no solo demuestra su firme compromiso a prevenir la comisión de delitos y, por tanto, a evitar su posible condena a una sanción penal, sino que, si pese a todo el riesgo se materializa, sirve de atenuante de la misma pudiendo incluso quedar exenta de responsabilidad penal.

Cabe recordar, que todas las sanciones penales previstas para las personas jurídicas tienen la consideración de “graves”, por lo que abarcan desde la multa hasta su disolución, incluyendo la suspensión de actividades, la clausura de locales, la prohibición de realizar ciertas actividades, la inhabilitación para obtener ayudas públicas, la imposibilidad para contratar con el sector público o su intervención judicial, nada más ni nada menos que añadir.

Pero no solo el sistema de gestión Compliance evita sanciones penales, sino también aquellas de Juzgados y Tribunales de otras jurisdicciones y/o de organismos públicos con potestades sancionadoras tales como la Agencia Estatal de la Administración Tributaria (AEAT), la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias (SEPBLAC), etc.…, que no son menores.

Implementar un programa de Compliance en la compañía, es una buena idea.

La implementación voluntaria de los sistemas de gestión de Compliance, que conlleva aumentar el comportamiento ético de las organizaciones en su entorno, contribuye, a no distorsionar o alterar el mercado al no incurrir en prácticas anti-competitivas, la compromete con las buenas prácticas empresariales, al posicionarse como un actor que lucha por sus objetivos económicos de una forma ética, honesta y transparente, sin engaños ni artificios, le ayuda a evitar el fraude interno, las desviaciones presupuestarias indeseadas o las relaciones comerciales de dudosa reputación, minimizando los riesgos comerciales, por lo que mejora notablemente no solo la reputación de la organización sino que aumenta su competitividad y, por tanto, doblemente su rentabilidad.

Por último, la implementación de un sistema de gestión de Compliance, que también conlleva el comportamiento ético en el seno de la propia organización, promueve la protección global de sus trabajadores y directivos (elimina el trabajo forzoso, esclavo o infantil, reconoce sus derechos, impide su discriminación, promueve la seguridad en el trabajo, etc.…),  reconoce, potencia y recompensa sus esfuerzos, y castiga las conductas inapropiadas, por lo que no solo tendremos mejores empleados y directivos, tendremos mejores empresas capaces de atraer y proteger el mejor talento a nuestras organizaciones.

En conclusión, la implantación de un sistema de gestión de Compliance ayuda a la organización no solo a prevenir delitos y otras sanciones, sino también protege notablemente la reputación, aumenta su competitividad y eficiencia, preservándola como una organización más ética, humana y justa. Por lo tanto, “romper con lo establecido” gracias a la creatividad sigue siendo un valor diferencial en el my compatible implementar un programa de gestión de cumplimiento normativo, es sin duda, una buena idea.