El Renacimiento llega a las empresas.

Durante los siglos XV y XVI, el Renacimiento revolucionó Europa y supuso una renovación en las ciencias, las artes, la política, la filosofía… Revolución que fue más allá de una transformación. Se transitó de la Edad Media a la Edad Moderna gracias en parte, a la difusión de las ideas del humanismo.

Salvando las distancias, estamos en una época de transformaciones aparentemente lideradas por la tecnología. Aparentemente, porque la llamada transformación digital, es ante todo, transformación. Estamos instalados en un mundo altamente competitivo en el que muchas empresas están acometiendo su particular tránsito, y algunas ya se han dado cuenta, que es una transformación continua. Una constante evolución en la que, saber adoptar los tiempos, es primordial. Es complicado asumir según qué tecnologías por conocidas que éstas sean, avanzan rápido y existe el riesgo de pensar que se puedan desactualizar de igual forma. Por lo que, más que un tránsito, o una actualización tecnológica, supone también una lucha por la supervivencia de modelos de negocio, puesta al día y transformación también de mentalidades.

En este aspecto y en este entorno nace LEONARDO, firma independiente de creatividad en los negocios, en todos los negocios y en todos los ámbitos del negocio. Creatividad entendida como la forma de explorar nuevos modelos, nuevas formas de hacer que permitan a nuevos actores y compañías posicionarse, estableciendo nuevos vínculos con, por y para las personas a las que se dirigen.

¿El cliente siempre tiene razón?

Recordemos la célebre promesa “el cliente siempre tiene razón”. Una clara vocación de servicio que instauraron empresarios y compañías orientadas al cliente, en la afanosa necesidad de ganar su confianza, suponiendo, una diferenciación en cuanto a trato y servicio ofrecido. Cierto es también, que empezó a ponerse en duda, cuando se descubrió a espabilados clientes más hábiles e interesados en conseguir las garantías y ventajas que acompañaba la promesa, que los propios productos o servicios en sí.

Hoy en día, no solo hay muchas compañías que tengan esa vocación, hay muchas, que ni tan si quiera la ofrecen aunque digan tenerla.

Por otro lado, hay cada vez más compañías que incluso se podría decir que parece hayan actualizado y ampliado el concepto de la célebre promesa hacia una versión más completa y dotando al diseño de producto y servicio con una orientación más “human centric”. Bonita palabra.

Podríamos concluir, que para los tiempos que corren, en la mayoría de los casos y para según qué categorías, ya debería ser hoy en día, una obligación para que la compañía alcance y mantenga el éxito. No basta con decir. Hay que crear valor y mantenerlo. Los productos se pueden industrializar, los servicios y la personalización se pueden protocolizar, pero sobretodo los negocios se deben humanizar.

Debemos contribuir a crear valor. A crear nuevas formas. A evolucionar. Y a hacerlo juntos pensando en todas las partes implicadas, con responsabilidad y sostenibilidad. No vale todo. Aquella también célebre frase “no es nada personal, son negocios” también se debe actualizar. En especial, la forma de hacer negocios. Más humanos, respetuosos y personales que nunca. Con o sin tecnología, otro Renacimiento por fin, debe llegar a las empresas.